Curiosidad sin plan

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Curiosidad sin plan

Empecé mi carrera como abogado corporativo. Lo típico: contratos y solución de problemas. Es un mundo ordenado, con reglas claras y consecuencias previsibles. Aprendí mucho ahí, sobre todo a leer con cuidado y a anticipar lo que puede salir mal.

Lo que me gustaba no eran las leyes

Me enamoré del emprendimiento cuando fundamos Smart Up. Era un proyecto para ayudar a emprendedores a conseguir servicios legales sin cometer los errores que yo veía todo el tiempo en empresas que recién comenzaban. Eran errores evitables, y casi siempre se repetían.

Trabajando en eso entendí algo que no me había dicho nadie. Lo que me gustaba no eran las leyes. Me gustaba ayudar a que las cosas funcionaran. El derecho era solo el camino por el que lo había hecho hasta entonces.

Esa idea me llevó a la expansión internacional y a las operaciones, en una startup que terminó siendo unicornio. Fue un cambio fuerte. Pasé de revisar lo que ya había ocurrido a construir lo que todavía no existía. Ya no me preguntaba si algo era correcto. Me preguntaba si iba a funcionar en otro país, con otro equipo y con otras reglas.

Mi formación legal no se desperdició. Cambió de lugar. Ya no era mi trabajo. Era una forma de mirar los problemas.

El salto completo al software

Después di el paso que más distancia me puso de donde empecé: del lado legal y operativo al lado comercial del software. Vender es otro oficio. Se juzga por resultados que se ven rápido, y hay poco espacio para esconderse detrás de un buen análisis.

Ninguno de esos saltos estaba planeado. Nunca tuve un mapa con la secuencia de abogado, operaciones y ventas. Cada paso se parecía más a una puerta que se abría que a un objetivo que perseguía.

Lo que se mantuvo

Lo único que no cambió fue la curiosidad. Es una costumbre sencilla: querer aprender algo nuevo casi todos los días, sin saber todavía para qué me va a servir.

Con el tiempo entendí que esa costumbre era la herramienta real. Los cargos, las industrias y los idiomas del trabajo cambiaban. La forma de acercarme a algo desconocido, con preguntas y sin miedo a parecer principiante, seguía igual.

Por eso ningún cambio se sintió como empezar de cero. Siempre llegaba con algo acumulado, aunque no supiera todavía qué. Y eso me permitió disfrutar el camino en vez de solo sobrevivirlo.

Por qué lo cuento aquí

Escribo esto en una publicación sobre inteligencia artificial porque hoy muchos se hacen la pregunta que yo me hice en cada cambio: qué aprender cuando todo se mueve tan rápido. Las herramientas de IA cambian cada pocos meses. Cualquier lista que yo dé hoy estará vieja pronto.

Lo que sí aguanta es la costumbre. Y conviene no confundirla con entusiasmo. Una persona curiosa prueba, pregunta y compara. Una persona entusiasmada compra lo que le prometen. Cuando una herramienta nueva se anuncia con grandes promesas, la curiosidad es lo que te lleva a revisar si eso es cierto.

Lo que viene

No sé cuál es el próximo salto. Pero si algo me enseñaron los anteriores, es que nunca se está listo del todo para darlo. Y por primera vez, esa parte ya no me incomoda.