La ventaja escondida de jugar con menos fichas

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La ventaja escondida de jugar con menos fichas

La inteligencia artificial genera temor por los encabezados sensacionalistas que vaticinan el fin de todas las carreras. En cualquier plataforma escuchas que el nuevo modelo de GPT o Claude acaba de matar tal profesión. Lo interesante es que estos mensajes, casi siempre escritos con un guión genérico de ChatGPT, los amplifica gente que no usa la tecnología en la profesión que dice difunta. La misma persona puede anunciar el fallecimiento de varias profesiones en una sola semana.

Existe el interés de potenciar la idea de que la IA nos va a volver obsoletos, y pienso que está atado a compañías que buscan justificar las valoraciones multimillonarias de sus rondas de inversión. La mejora entre modelos se está achicando mientras el costo se dispara. Cada nueva versión es apenas un poco mejor que la anterior, pero consume varias veces más en electricidad y datos. Eso no parece una tecnología a punto de arrasar con todo, sino una que se estabiliza a medida que se descubren sus límites. La promesa de que en dos años no quedará trabajo se parece más a una justificación de valoración que a un pronóstico.

Y acá está lo interesante. Si la IA no es esa fuerza que arrasa con todo, entonces tampoco es una carrera que gana quien más dinero pone. Cuando bajas el volumen del miedo y del hype, lo que queda es una herramienta poderosa pero con límites, que premia más el criterio que el presupuesto. Ese re-enfoque cambia un poco el paradigma, sobre todo para economías emergentes como la latinoamericana, donde los recursos son limitados pero la creatividad para obtener resultados es casi ilimitada.

Acá los presupuestos para implementar Inteligencia Artificial, o tecnología en general, son bajos o inexistentes. Por eso es importante entender dónde se puede aplicar la tecnología y hacer experimentos antes de lanzarlos de manera generalizada. Lo que en otros mercados es buena práctica, acá es obligación. No hay margen para quemar capital en pilotos vanidosos. Esa disciplina, sumada a la creatividad que sobra en el hemisferio, puede ser una ventaja competitiva.

Los datos empiezan a confirmarlo. El 85% de los profesionales latinoamericanos dice estar listo para integrar IA en su trabajo.Esto genera un optimismo que empuja a la experimentación, y la experimentación acelera el aprendizaje. La misma herramienta que usa un equipo en Nueva York es la que tienes tú en Quito o en Santo Domingo.

Si aplicamos la creatividad al uso de la Inteligencia Artificial, la brecha entre países en vías de desarrollo y países desarrollados se acorta. Esta tecnología es democratizante porque cualquiera con una conexión a internet puede desarrollar una startup que antes requería gran financiamiento. No es automático, y la conectividad sigue siendo desigual, así que depende de que alguien lo trabaje. Pero el factor decisivo dejó de ser cuánto capital tienes. Pasó a ser qué tan bien entiendes el problema que quieres resolver.

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